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Una danza entre agentes humanos y no humanos

Por: Rafael Lemor

Head of Artificial Intelligence en Credicorp

Hace poco más de dos años recibí una de esas invitaciones que no solo entusiasman, sino que obligan a repensarlo todo: diseñar y liderar el programa de Inteligencia Artificial (IA) en Credicorp. El desafío era tan estimulante como exigente. Nos situaba en un momento histórico en el que la tecnología no solo avanza, sino que nos interpela: nos invita a imaginar aquello que aún no sabemos formular.

La pregunta inicial parecía evidente:
¿cómo aprovechar el potencial de la IA generativa para transformar positivamente nuestros procesos?

Mi primera reacción fue volver a lo esencial: estudiar la tecnología, entender qué podía —y qué no podía— hacer, explorar su arquitectura y sus límites. Sin embargo, pronto comprendí que el verdadero desafío no residía en el código ni en los modelos, sino en las personas.

Para liderar esta transformación fue necesario salir de mi zona de confort. Tras quince años en el BCP, con una trayectoria profundamente ligada al mundo de los datos —ese insumo vital que alimenta a la IA—, entendí que el siguiente paso era otro: sumergirme en la diversidad del grupo. Caminar con los zapatos de colegas de seguros, microfinanzas, salud y otros negocios. En cada uno encontré realidades distintas, tensiones propias y, sobre todo, oportunidades únicas para crear valor desde la tecnología.

De ese recorrido surge el aprendizaje más relevante de este proceso, y el que quiero compartir hoy: la tecnología es un medio, no un fin. Lo que realmente orienta nuestras decisiones de innovación es el propósito. En Credicorp no buscamos incorporar IA por tendencia o fascinación técnica, sino para que nuestros más de 45 mil colaboradores —desde quienes atienden a nuestros clientes hasta los CEOs— puedan integrar la IA generativa en su trabajo cotidiano y confiar en ella como un aliado.

Hoy el horizonte es distinto al del inicio. Ya no hablamos solo de incorporar herramientas, sino de rediseñar el futuro de la organización. La conversación dejó de girar en torno a “copilotos” para centrarse en la transformación de dominios completos del negocio. Y para avanzar en ese camino, propongo una pausa consciente —rara en tiempos de aceleración— para hacernos algunas preguntas estratégicas:

  • ¿Cómo podemos suspender, aunque sea por un momento, nuestra forma tradicional de trabajar para imaginar nuevos horizontes junto a la IA generativa?
  • ¿Qué nuevos negocios, servicios o propuestas de valor somos capaces de crear con estas capacidades?
  • ¿Estamos preparando realmente nuestro mindset para los roles, habilidades y responsabilidades del futuro?

La tecnología, en muchos sentidos, ya está lista. El verdadero desafío es otro: desarrollar nuestra capacidad de adaptación. En un futuro cercano, las organizaciones estarán compuestas por agentes humanos y no humanos trabajando de manera integrada. Quienes comprendan esta dinámica y actúen a tiempo ocuparán las posiciones de liderazgo.

En estos años he confirmado algo esencial: la mejor forma de avanzar es haciendo. Resolver problemas reales, experimentar, aprender en movimiento. La velocidad del cambio tecnológico es tal que un método puede quedar obsoleto mientras lo estamos estudiando. Por eso, la curiosidad se convierte en nuestra herramienta más poderosa.

Mi invitación final es esta: conoce la escena, pero también lo que ocurre detrás del telón. Sé curioso con la tecnología, sí, pero aún más con el mundo que buscamos transformar. Porque en esa danza —entre personas, propósito y máquinas— se juega el futuro de nuestras organizaciones.

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